Ya vá…

El pasto de otoño supo tener un crecimiento parejito, de media pereza, de medio temor. No tan húmedo pero de mayor resistencia.
Tenderse en el pasto de otoño supo convertirse en cita y algarabía de cuadrúpedo extrañado. Perros que se desconciertan ante un humano desparramado en el suelo en un cambio de escala que les habilita cosquilleos de predación. Hociqueos y lengüetazos.
Acostumbrábamos responsabilizarnos hasta el último bocado del almuerzo por un salvoconducto de pasto otoñal y en la hora de la siesta adulta, salir a tenderse de cara al cielo.
Soles de cobijas viejas que abrigan y destapan. Eso eran las nubes.
Vencidos los minutos iniciales de revolcadas y babeos, el perro y quién escribe panza arriba. Un brazo bajo el cuello peludo como almohada de amantes satisfechos que hacen su cerca lejos.
Arriba una épica de desgarros y condensaciones. Batallas del Sur contra el Norte. Inspirando incidentalmente el tarareo de alguna marcha patriótica seguida en el compás con la palma de la mano.

Honor Honor al gran, Cabral chan cha ra ran chan chan…

La obertura patriótica seguida de la fijación en el detalle.
Escojamos por ejemplo las nubes del cuadrante de la veleta y el gallito que cita pájaros en yunta. Qué se cuentan? Y así, en una red de habladurías los horneros contra las torcacitas y los gorriones lleva y trae al encargado de metal. Un soplido empuja el eje, las aves de espalda. Vuelta de página.
Catalogar los colores de las nubes. Arezzo se empeñaría en una matemática melódica al servicio de polifonías de ese tipo de sutileza.
Blancas y grises. No. Grados de azul. Peinadas como un puré juguetón, mal pisado. Batidas como clara de nieve en pura rigidez y asunto de la física. Jopos de Elvis Presley. Ganadoras y perdedoras, diplomáticas llanas o estampadas grumosas sobre el mantel azul. Extrañas en cuadros o geometrías.

_Nena, qué estás haciendo?
_Miramos las nubes Má.
_Bueno, pero después vení a tomar la leche.
_…
_Me oíste?
_mmh?
_Vení a tomar la leche!
_nhhh…Sí
_Ya vá…

Y en esas dos palabras, me refería al otro, probablemente al perro o a cualquiera que pudiera endilgarle toda responsablidad.
Las nubes y yo.

_Sí. Ya vá…

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