Querido Viernes:

Como bien sabes, Jueves se ha convertido en una verdadera molestia, si no fuera porque una vez superada su intromisión, me recuerda que llegas anunciándote para regocijo de las tareas de la intimidad. Sábado y Domingo me ocupan en esto.
Lunes, que supo ser fatal, ha sido aceptado afectuosamente por el gran poder de influencia que Martes opera sobre mí. A tal punto de pasar desprevenidamente por alto lo que tú, Sábado y Domingo me ofrecen incondicionalmente. No logro entender cómo se las ha ingeniado para que desee su llegada más que la tuya, ni cómo ha desplazado a Miércoles a su condición de nostálgica compañía.
Mi corazón se deja llevar y aguarda por él, seducido por sus aventuras de batalla y la falsa creencia de que abandona el vínculo con Venus un instante para saber qué es de mi.
Por eso, querido Viernes, te pido que toleres con ternura esta confidencia y que, en todo caso, intentes comprender la torpeza de mi desaire hacia tí. No es otra cosa que un deslumbramiento y un cambio de territorio que demanda pasionalmente la intensidad que supe ofrecerte.

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