Estrategia oriental

Para hallar lo humorístico en lo cotidiano: entrecerrar los ojos levemente en una esquina cualquiera, en un lugar visible. Acting de la premeditación. No falla. Es un magneto poderoso.
Digo y pienso en el chino del supermercado, que agota el recurso, conversa poco y simula por demás. Luego está todo el tiempo sonriendo.
Sin ir más lejos, el de la vuelta de casa, provisto de algunas mercancías insospechadas, recibió mi pregunta exótica habitual desde la puerta:

_Eh! David (para los amigos) tiene Nutella?
_Ah?_
_Nu-te-lla…_
_Ah!!! Shí Shí…_

Corrió al fondo del salón en búsqueda de lo que luego fué escalera. Trepóse. Bajó una botellita panzona cubierta de polvo.

_Shí, Shí tengo, vinito de cura_
_Ah? Mistela? Nooo! Mistela no, Nu-te-lla.

(Cara de que nunca se la supo).
_El coso ese que se unta! El dulce!_ elevo el tono como todos los idiotas y hago un ademán untable entre la mano derecha instrumentadora y la izquierda que cumple el rol de pan. Dos o tres vaivenes de ida y vuelta, exagerados, a la italiana, como si esa gestual colaborara con la semiosis.
_No, ese no, pero este shí. Lleva?_
_No, no, gracias igual_.

[En breve más historias con chinos]…

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