Jorge Luis, para los íntimos I

Aquí uno de los fragmentos del trazado Borgiano que me dibuja de soslayo.
——–
LOS SUEÑOS

Sueño todo el tiempo (cuando duermo y por suerte cuando duermo).
Tengo sueños increíbles, con olores, músicas, lugares y gentes inéditas.
A través de los sueños he encontrado lo que soy.
Cuando era niña, el primer sueño planteó mi trabajo con las máquinas. Supe que a los 33 años trabajaría con máquinas que organizarían una explicación del funcionamiento de la vida.
Este sueño se esta cumpliendo.
Soñar me ha puesto en otras pieles, situaciones extremas.
Tengo algunos premonitorios, otros de volar y ver que hay más allá.

LAS CASUALIDADES 

Sueños recurrentes.
A los 14 años soñaba que era una mujer y por mi vestimenta podía ubicarme por el mil novecientos y algo más.
Estar a orillas de un lago, en un otoño lánguido pero feliz.
En el episodio, un hombre formalmente ataviado se acercaba aflojando un poco el botón del cuello. Se recostaba a mi lado en el pasto tan verde y conversábamos cara a cara en un idioma desconocido.
Este hombre me era absolutamente familiar, cercano.
Soñé una y otra vez esto durante algún tiempo. 

Ya en la facultad me tocó armar una entrega sobre un libro no leído. Afiche para cine, invitación al estreno.
Tomé el desafío y decidí producir mis propias fotos.
No sabía sacar fotos.
Recurrí a un amigo quién me explicó más o menos como era la primera máquina de clicks.
Me levanté un sábado a buscar en Parque Centenario el bendito libro no leído.
Qué mejor que meter la mano en la batea del primer sucucho mugriento ,sin mirar, esperando una historia.
Salió un libro de Kafka "El Castillo" .
Sonamos, había leído un burdo resumen de la cucaracha/metamorfosis. No sabía quién era Kafka. 

LA ESCRITURA 

Me llevé el virus K. a casa y completé su lectura al final del día.
Terminé la entrega como pude y las fotos quedaron bastante bien.
Fue exitoso y disparó dos curiosidades: 

– la lectura ferviente de K.
– La práctica fotográfica. 

Comencé a ir al instituto Goethe para buscar libros no publicados en español.
Esto disparó una tercer curiosidad y años más tarde comencé a estudiar alemán.
Pero, cada vez que iba a la biblioteca, faltaba un librito, una biografía en fotos de K. que siempre alguien se las arreglaba en retirar antes de que llegara a mis manos.
Maldición! La Bibliotecaria ya sentía pena por mi obsesión, al punto que un buen día me llamaron avisando sobre el arribo del libro.
Corrí (una de mis pocas corridas) a su encuentro.
Todos deberían haber visto mi cara al ver que el ojeroso retratado en la tapa, bajo el nombre de K. tenía idéntica fisonomía a la de aquel hombre desconocido, tendido al sol sobre el pasto, en el sueño recurrente de los 14 años.
Hice bastantes esfuerzos para tratar de recordar si había visto esa cara antes, en otro lugar, pero no.
Saqué algunas fotocopias de este libro alemán sin entender en ese momento nada de los epígrafes. Elegí al azar. 

LA FOTOGRAFIA 

Mucho antes de toda esta cuestión, me enrolé en unos cursos de fotografía hasta que logré dar con un viejito sensacional de Congreso.
Uno de sus alumnos, un vago silencioso, se convirtió en mi amigo "R".
Hicimos expediciones sobre la exmugre de puerto madero. Sacábamos centenares de fotos.
Un buen día fuimos a su casa materna a revelar y me dijo: -“ Como te gustan las cosas viejas, mirate esto”- 

LOS OBJETOS 

Un bastón de empuñadura de oro, un rompecabezas con centenares de piezas diminutas talladas de madera, dos álbumes de fotos con olor a viejo, un placer.
Comienzo a pasar las fotos y veo, campos, fábricas, piscinas, canchas de tenis (!) … familiar.
Estas eran las poseciones de la acaudalada y aristócrata familia Jellinek.
Sigo mirando y veo la foto de un hombre mayor, vestido de militar y a caballo.
En ese momento digo: -“ Francisco José”-
Inmediatamente nos miramos con "R" sin entender.
No sabía que había dicho.
Fué a preguntarle a su madre de quién era la foto en cuestión.
Sí. Francisco José, emperador de Austria y Rey de Hungría.
Nos quedamos pensando en esto.
Aquél album tenía algo conocido. 

LAS GEOGRAFIAS 

El libro biográfico del Goethe fue fotocopiado y unos cinco años más tarde traducido con gran sorpresa, al advertir que una de las fotos tenía como epígrafe lo siguiente: "Lavandería de J.V.Jellinek". 

En ese momento, mi amigo "R" Jellinek estaba en Nueva York, trabajando.
Años más tarde nos reencontramos.
Se me ocurrió mostrarle esa copia de la foto y comentarle sobre la coincidencia de un Jellinek viviendo en Praga.
Incrédulo me dijo que su abuelo se llamaba Joseph Victor Jellinek.
Demasiada coincidencia.
Con el correr del tiempo supimos que el abuelo Jellinek fue contemporáneo al padre de K. Tuvo su lavandería en Praga, en el barrio Judío, e imaginamos que cerca del comercio de la familia Kafka.
Hoy "R" tramita la herencia de su abuelo, un hotel expropiado por los nazis y yo sigo pensando en todo esto y contando historias.

Hace unos años conseguí comprar aquella biografía en fotos, en edición española y el libro se ha quedado a vivir en casa.
La máquina de la escritura eterna sigue elaborando-devorando respuestas, porque los hechos se hacen muy lentos para un ser curioso.

2 Responses to Jorge Luis, para los íntimos I

  1. […] Aquí la foto de la historia. Recuerdo luego un cielo azul que nombraste, pero aquí no aparece. O sí? La foto que tiene horizonte es justo (en el libro) la de al lado, que quedó debajo. […]

  2. Silvia Sue says:

    Estoy fascinada.
    Muda.

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