Holodeck: Trasnoche Enterprise I

Swuishhhhhhh (cierra la escotilla, los controles de la nave en piloto automático).

Se escucha un piano de fondo, sometido de mala gana _instrumento de percusión, en primera instancia_ en una frase que no desea terminar.
Frank Sinatra desparramado sobre la barra y con el sombrero echado hacia atrás, juega con una cáscara de naranja en el borde del vaso. Tiene ese gesto de mirar la nada, con la boca levemente fruncida, recostada sobre el brazo izquierdo, sobre el dorso de la mano, y toda esa expresión escurriéndose por allí.
La derecha abandona su distracción para flipear unos naipes. Nos gusta el ruido de los naipes, los buenos, los sedosos que se deslizan por el paño sin dificultad; los que acompañan la racha del ganador y dan pena profunda con el sólo hecho de pensar en descartarlos.


Deposito mi mano sobre aquella y Frank levanta por un instante la sombra cenital. Como siempre vuelve a buscar la referencia en el bartender, zafa la izquierda del rostro para elevarla en un misterio cristiano. Una suerte de bendición. El sujeto del otro lado de la barra responde en el modo previsto, girando sobre sí para darnos la espalda, espiando por el espejo mientras elige tres chorros inquietantes para una sola copa.
Frank toma con su pulgar uno de mis dedos, el del anillo y juega ahora en el círculo sin fin. Se detiene un instante. Quita esa distracción para abrir un abanico de cartas, dar tres toques sobre la figura, e invitarme a elegir.
Echo el pelo hacia atrás pero vuelve a su sitio, señalo la anteúltima pero tomo su compañera. Entrego la filigrana a mi vista para exhibir la suerte a mi espectador, quién arrebata ese naipe para ayudar con esa mecha sobre el hombro. Lo he logrado.
El hombre del otro lado de la barra dispone un cuadrado de papel, la copa empañada y se repliega observando cómo Frank se despereza de la butaca en dirección al piano. Susurra en el oído del ejecutante, lo seduce y abandona, con sólo mirarlo lo empuja de allí.
Bebo un primer sabor amargo, dulce después, mientras se descuelgan las primeras notas de One for my baby.

One for my baby (from duets)

Writer(s): johnny mercer/harold arlen

It’s quarter to three,
There’s no one in the place ’cept you and me
So set ’em’ up joe
I got a little story I think you oughtta know

We’re drinking my friend
To the end of a brief episode
So make it one for my baby
And one more for the road

I know the routine
Put another nickel in that there machine
I’m feeling so bad
Won’t you make the music easy and sad

I could tell you a lot
But you gotta to be true to your code
So make it one for my baby
And one more for the road

You’d never know it
But buddy I’m a kind of poet
And I’ve got a lot of things I wanna say
And if I’m gloomy, please listen to me
Till it’s all, all talked away

Well, that’s how it goes
And joe I know you’re gettin’ anxious to close
So thanks for the cheer
I hope you didn’t mind
My bending your ear

But this torch that I found
It’s gotta be drowned
Or it soon might explode
So make it one for my baby
And one more for the road

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