Aceitunas surtidas

Tarde o temprano una vida nutritiva tendrá que pasar por allí. Raúl, digamos (el sapo) sabe de esto, entonces su tarea es aguardar. Tener una lengua pegajosa le garantiza el resto. A diferencia del caburé, no necesita el encantamiento, sino prestar atención y ser eficaz en el instante decidido. Tener la boca cerrada la mayor parte del tiempo para despistar y abrirla solo para cazar.
Ayer Raúl alteró su batracia operatoria con un banquete de voladores.
Tengo que abrir la boca una sola vez, dejar la lengua suelta como un senderito y esperar a que desprevenidos se vayan empantanando.
Cae uno, el otro, de a cuatro, de a dos y mientras se preguntan y explican como llegaron allí, Raúl quiere volver a cerrar la boca, cuando el peso de la lengua es demasiado grande.

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