Acústica

La ventaja de tener un piso de pinotea luciendo un Debussy en espejo que parece ejecutar tras la espalda, donando al aire cadencias que fluyen como la acuarela.
Las patas del piano que no existe aquí. La vibración en algunos huesos. Recostado sobre breves listones de madera, concentrado sobre la extensión de los hombros en cruz y el apoyo de la cadera. Las piernas flexionadas y las plantas desnudas recuerdan ese cuento de los Grimm en donde uno de los hermanos de desproporcionadas orejas hacía contacto con el suelo para saber lo que ocurría en otro sitio.
Escuchar sin oír lo visible.
El recorrido desemboca en la parte baja del estómago y alguna fisiología interviene para empujar todo más arriba. Las costillas como un diapasón filtran la rítmica, dejan paso a la melodía que facilmente es aire en la garganta y vapores en el pulmón.
Observar ciertas nubes provoca un efecto similar.
La habitación carece de ventanas pero no hay prisión para quién ha salido a arrastrarse un rato por el suelo terso.
Si ese frío no tuviera ropas sería más bello.

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