Por eso aprecio los fulgores

Si yo pudiera escoger una deformidad, sería tener un tercer ojo, bien atento. Captar todas esas cosas que espontaneamente se imprimen bellas en la realidad. Uno sigue de largo, y se las pierde por pensar.
Ayer nomás veo un padre revoleando a su hijo en plena 9 de Julio. Juego de padres e hijos. No veo a la madre. Cambia el semáforo y una mujer envuelta en una bandera roja con una estrella negra cruza a la carrera. Es muy jóven. Por un instante son una estampa publicitaria, gozosos, íntimos, perfectos. Todo esto si no hubiera algo que chispea la escena. Esa bandera que por el frío y vaya a saber qué sentimiento envuelve a los tres.
Existen muchas formas de felicidad, pero lo curioso es reconocer una de ellas en un contexto que no se espera.

One Response to Por eso aprecio los fulgores

  1. Kaco says:

    Me dejaste pensando y preguntando: ¿los fulgores, mayormente, no van de la mano con lo imprevisto? Después pensé: qué bárbaro ¿no?, qué aleccionador digo, que lo imprevisto no se agote. Después me dije: por qué no te dedicas a otra cosa y no a pensar. En fin…

    Me alegro por tu fortuita pesca

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