La sandía que se hizo Cosmos

Beneficiado por el azar no es una frase que contemple en su destino quien escribe.
Probablemente por detestar el esfuerzo de la sortija en la calesita. Una vuelta era suficiente. Para qué perderse el gusto del viaje en el desgaste por conseguir otro y sucesivamente hasta lo más oscuro de la naturaleza humana?
Probablemente por haber ganado y perdido una licuadora en una rifa de barrio en un hecho inexplicable. Un número duplicado: mayor crédito sobre el uso de la licuadora para mi oponente, respaldado por menor crédito sobre la validez de mi número en aquel contexto. Dos trozos de papel idénticos con el número siete. La cábala insiste en su moraleja bipartita.
—-
De excursión por el supermercado no hice caso de esa oferta rabiosa:
"Los primeros siete en llegar se llevan una sandía gratis!"
Mi compañero en ese momento era un tipo capaz de aguzar todos sus reflejos motrices de mamífero, para alcanzar cualquier galletita con mermeladas novedosas, dejarse manchar y desmanchar a medias la ropa por un limpiador milagroso, y si, la ciencia lo hubiera demandado, ofrecer su cuerpo para algún experimento médico en apariencia inofensivo. Eso era todo él, y nada más, por supuesto.

Segundo llamado:
"Los primeros siete en llegar se llevan una sandía gratis!. Aquí en la góndola de las verduras…"
Mi escolta había desaparecido.

De vuelta en la casa éramos tres. Una desarticulación interna en la heladera y la sandía redonda (rasgo asiático) ocupando privilegiadamente los dos últimos estantes.
Miento, éramos cuatro con Pinocha de cachorra.

"Más te vale que comas esa sandía"
Y así pasó una semana, luego dos, y finalmente el olvido.
—-

Nunca tuve deseos de puntualidad. Llegaba frecuentemente tarde a aquel trabajo por culpa del tren y la mudanza al centro de la ciudad tampoco colaboró ni un tanto.

Aquella mañana la excusa no fué aceptada, pero ciertamente Pinocha descubrió con señas y apuntes de su cola un charco de fruta ensangrentada. La sandía había explotado, desbordado su finalidad, señalado el fracaso.

_A ver… y ahora porqué llegaste tarde?_
_Susana, no me lo vas a creer pero fuí víctima de un atentado._
_Qué atentado de qué?_
_Fué una sandía asiática, y eligió inmolarse en mi casa._

One Response to La sandía que se hizo Cosmos

  1. maray says:

    las sandias suelen ser crueles, a veces. Por aqui se dice que uno cuando quiere mostrarse al mundo pone una sandia al cuelo. Lo que no saben es que el mundo ve, en neste caso, siempre la sandia, esa si, una “aparecida”.

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