Abrazar el árbol

En algún momento nuestro hacer o dejar pasar despierta malezas que devienen en bosques misteriosos.
——–
Ayer salimos de dar clase y terminamos comiendo algo por ahí.
Ultimamente estamos con el asunto de las cuentas, de los años que nos llevamos, de los que tenemos en común. Todo es tiempo y en ese transcurso la soledad nos da cierto beneficio de placer. Coincidimos. Tenemos destinaciones sociales pero resguardamos celosamente nuestros quehaceres de hermita. Nos diferencia apenas un enfoque acerca del conocimiento.
Hablamos de los manifiestos y recuerdo esa decisión de apartarme de la ilustración de un modo deliberado, algo tardío para una juventud no tan repentina.

Estoy hablando por boca de otros. Estoy mirando por ojos ajenos. El entusiasmo es una trampa y su anzuelo la elocuencia con que articule este saber artificioso, distante, poco comprobable.
He decidido dejar de leer durante un tiempo, dejar de opinar, abandonar la crítica, alejarme de las cortes del hambre académico y apropiaciones impertinentes.
Mi experiencia del mundo, salir al mundo, se convertirá en un acto determinado desde la propia voluntad. Intuición y deseo de interpretar las cosas desde la contemplación.
No deseo ser otro que yo mismo siendo. En este caso como mujer.

Esto ha simplificado y complejizado la expectativa que tenés sobre mí.
Cuál es la referencia? Existe un tironeo notable.
Cómo establecer consenso o entendimiento en un repertorio acotado de motu proprio? De qué estamos hablando con esta mujer?
En este ejercicio de vacío, los datos de la realidad son observados con ojos de gato y recompuestos en prácticas cotidianas que buscan sembrar un yuyo raro.
Entonces, cuando me decís algo, te resignás los nombres y sus implicancias para pasar a los hechos. Son los hechos narrados por tu boca los que alimentan mi imaginación y de allí y de lo inefable es donde construyo actualmente mi saber.
Saber es apreciar a los otros por las interpretaciones que hacen del mundo, por sus predilecciones y caprichos, sus interpretaciones de la realidad.
Lo que he aprendido en estos años es reconocer la sutileza de esos comentarios y apropiarme de los tránsitos individuales, en donde como autor no sos conocido ni reverenciado, nada más que por mí, en tu acto inefable de convertirte en vos mismo.

3 Responses to Abrazar el árbol

  1. inx says:

    Este texto me parece perfecto.

  2. Silvia Sue says:

    Sí, yo pensé…me hizo acordar a un círculo.
    Algo redondito, Aydé.

  3. Gracias muchachas, no sé porqué, pero gracias.

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