Los guardianes de la bahía

Miran la mesita de noche para verificar que todo esté en su lugar. Cosas que no se usan pero se usan un poco y que no confiarían colocar en otro sitio por cuestiones de manías y perezas.
_Ahí viene esa mujer_ murmura Inconsciente.
_No entiendo qué puede demorarle tanto en el cuarto de junto_. Consciente se impacienta con frecuencia sobre las actitudes de ella, generalmente cuando Inconsciente comienza con sus fabulaciones y parloteos al costado del lecho. Su tarea en cambio, luego de una jornada de frenadas y tironeos, consiste en entregarla metódicamente a las horas del sueño. Revisar el reloj interno. No son horas de llegar. Si son las doce nos quedan ocho, si la una, apenas siete y todo eso a la mañana siguiente implica quince minutos adicionales de puro remiendo y maquillajes que esmeren una desinflamación, una estafa de tonalidad y otras estrategias. Del mismo modo que las manos que embellecen las manos de la mujer, Consciente deja su aspecto para un eterno segundo momento y nadie que le vea pensará otra cosa que en el agotamiento encarnado en un sujeto abatido, sin atractivo.
_Hoy tenemos ganas de conversar, cambiar de morada, tocarnos la nariz en la cima de la Torre Eiffel, caer por una garganta y luego caminar descalzos en el Microcentro. Qué espanto! Ha dejado su ropa en la silla. No. Entonces caminaremos desnudos en el Microcentro, y en las ventanas del undécimo piso de un hotel tendremos hambre y masticaremos flores rojas, rojísimas, exageradas. Y luego con el frío y un poco de ridículo revolveremos los tallos como patas de muñecos de felpa. Nos tomaremos centurias veloces para acomodar los colores como a tí te gusta Consciente, y con esa armadura esponjosa volveremos al río para caminar en el fondo y pesar, pesar enormemente, descorchar la botella donde nos has dejado algunas tareas postergadas escritas con tu caligrafía tan mala… _
_Cierra la boca por favor!_ Consciente mira a Inconsciente con envidia y desdén. Es una pobre criatura que de a ratos anda en cuatro patas, en otras se yergue con gran torpeza, dándose la cabeza contra el techo. Hoy se le ha ocurrido ser aire. Todo el aire. Mañana quién lo sabe. De la ocurrencia a la forma informe. Inconsciente se lleva de arrebatos y no prevee su estar de tal o cual manera. Memorable el día de la cola de gato con cuerpo de guisante, buscando desesperadamente cualquier fuente de agua donde abrevar con esa cola que no servía al propósito de raíz.
_Si sigues de ese humor agregaré un hocico de puerco tan enorme que todos los olores del mundo colapsarán tu memoria. Al despertar por un buen rato untarás betún a las tostadas y te bañarás con un mosaico por error. Jajajaj… ella mirando el frasco de la medicación y la fecha de vencimiento! Decididamente no hacen buena pareja._
_Silencio! Que tiene que poner el despertador en término, quitarse los pendientes, peinarse la inevitable pérdida de tiempo… No te preocupes, mañana seremos lo mismo, preciosa.
Ella se recuesta en la sábana, se entrega a los ojos que pesan, y ve primero un mástil, un mascarón de proa, extiende la mano, nada alocadamente sofocándose al comienzo, dejando pasar el agua al pecho, perdiendo manos y piernas, rompiendo la superficie con un chorro de fuente, emitiendo un chillido de dos tonalidades, una que tantea la orilla, otra que simplemente dice a los guardianes: aquí estamos. hoy mi playa es de arena rosada.

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