Un café

En días como este, donde funciona el cerebelo exclusivamente para los automatismos, no tengo ganas de hacer café que despreciarán caballerosamente. Entonces el filtro dentro de una taza, medida y media de café (usamos el instrumento medidor de la cafetera), agua hirviente del dispenser o pava, quién no tuviera. Dos de azúcar.
Así somos de mala onda desde una perspectiva, o de solitaria onda, desde otra.
Cocó no. Cocó serviría bomboncitos o una galletita rellena.
Yo te diría al pasar: "querés un trago?" y eso por los estrógenos, que sino, rodeada de tanto australopitecus seguiría en mi mundo unidireccional, mirándome la sintaxis en el monitor. Bien larga.

3 Responses to Un café

  1. pablo says:

    Donde yo trabajo hay tantos termos y mates como tomadores de la infusión hay. En las reuniones de trabajo cada uno se presenta con su mate. Ponele la marca: “selfish mate”. Es todavía más triste que lo del café, que, de por sí, es una bebida “individualista”…

  2. Es la paranoia bacteriana? Virósica?

  3. EvoCarlos says:

    Mi abuela checa hacía de cuenta que todas las palabras habían nacido en Checoeslovaquia, al mate le decía “matu”

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