Instrumento: Trapos

En un rincón de la cocina, que se ha convertido en el cuarto dedicadamente más lujoso y apto para la vida moderna, una escalera de pintor junta trapos que equivalen en tonalidad a la paleta de los containers de la Costanera. Grisáceos, azules, anaranjados, terracotas y otras torpes configuraciones de color. Siempre pienso en hacer algo con los colores de esos hermosos containers cual regletas apiladas al azar. Tal vez me simpatizan tanto por el hecho de ser trasladados en barcos, naves de sumo interés para mi idea de viaje.

Norma viene una vez por semana. Su preocupación máxima, independientemente del resultado, es ubicar su territorialidad de limpieza dentro de mi casa. Ese territorio "Normesco" son aquella colección de trapos viejos, cuidadosamente cortados, seleccionados para tareas específicas. Trapos de camiseta que no dejan pelusa para repasar los muebles, trapos peludos para encerar el piso sin dejar marcas, trapos resistentes para fregar la mugre de los gatos (patas en las paredes a alturas insospechadas). Nunca una ballerina. El trapo de piso es admitido exclusivamente por reconocer nuestra torpeza ante el accidente doméstico. (Qué sabrán estos giles sobre trapos correctos?).
Al finalizar su tarea de pulcritud recompositiva, todos los trapos son lavados, sacudidos, escurridos y diligentemente extendidos en la escalera de pintor, que sirve a su gusto de perfecto tendedero. Una mántica de la experta en recortes textiles. Los diminutos en la cima, los extensos en la base.
Cada vez que veo esa bella pila regulada entre orden y complejidad pienso en sabotearle todo y guardar su obra en un cajón que oculte nuestras miserias. Luego me dá pena. Entonces si suena el timbre y aparece alguna visita, el rincón de las artes se desbarata compulsivamente en un encime a presión en escondites alternativos.
Afortunadamente no recibimos muchas visitas. Menos inesperadas. Menos extrañas.
Los amigos que llegan a la casa, recorren pasillos y habitaciones para terminar siempre en la cocina, tal vez para convertirse en intérpretes de la performance de los trapos. Tal vez para evocar todo ese material que en algún momento fué relleno de un objeto de deseo, un juguete, un juego.

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