Encuentro

Ayer te ví la nuca a unos cuatro o cinco metros, entre otras nucas y te reconocí al instante. Me quedé a un paso de tu espalda. Dije hola a la persona de turno. Sólo "Hola". Te diste vuelta sin pensar. Reconociste el saludo como yo lo hice con tu nuca. Eso somos.
—-
Me causa gracia pensar en la primer teórica, llegando tarde como siempre, como alumna. Me voy al fondo del aula interminable. Zona oscura. Amenazás con el video de las monjas y hacés una de esas bromas zafadas que tanto me provocaban decirte estúpido. Algo me hace ruido. La sala se concentra en la pantalla. Apagan las luces. Me río a carcajadas de la herejía bella mientras un idiota se masturba apenas dos filas delante de mí. Estas cosas solo pueden ocurrir en tus clases.
—-
Vamos en la traffic del compañero anarco-terrorista. Parada en San Telmo. Me preguntás si alguna vez me lastimaste. Te digo que tantas. No sabías. Nuevamente estúpido.
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Sueño cada tanto con mensajes para tu destino. Hago una escabrosa transcripción. El accidente del avión, el terrario y las mariposas, el árbol del Daemon, las flores de loto.
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Yo era la alumna que diligentemente armaba una puesta, hoy te llevo en mi cabeza a todos lados. Cuando pienso con más fuerza, llega tu mail o levanto el teléfono. Tal vez aparece misteriosamente una postal desde Ginebra o Bogotá debajo de mi puerta.
—-
Hablamos basicamente de dentaduras postizas, de cambiarse los pañales y de la dificultad de sostener algún día una silla de ruedas, considerando que vivís barranca abajo.
_Me querés?_ decís,
_Y… tanto como para cambiarte tus pañales, algún día.

3 Responses to Encuentro

  1. Silvia Sue says:

    Yo no sé.
    Como dijo una amiga mía, cuando se enteró de una vecina que se había suicidado por
    un novio: “No puedo entenderla, yo nunca me enamoré tanto”.
    Aplicable a lo de los pañales.

  2. Suicidarse ya es una idiotez, justificable desde un problema psicológico, hasta una falla neuroquímica que deriba en depresión, supongo.
    El amor sigue siendo para mí otra cosa. Da valor, despeja la sospecha sobre el otro.
    Esto de los pañales es una excusa para decir que se puede amar en profundidad tanto como para acompañarse realmente toda la vida. Con alguien se puede, con alguien no. Siempre se necesitan dos voluntades.
    Este gran amigo representa esa clase de amor. Crecemos juntos.

  3. Finnegan says:

    No sé si venga al caso, pero de todos modos tengo ganas de comentar algo, algo acá, en mi blog de cabecer a la hroa de comentar y no sé bien qué. Pero me acordé de una compañera de laburo de otra época. Ingeniera, no demasiado linda, pero atractiva, desparpajada, yo qué sé. Meros contactos ocasionales, encotrarte en la cocina calentando el agua o boludeces así. Un día renunció al trabajo. Por cierto, no lo necesitaba, es de familia acomodada, pero cumpliría en ella una función de integración digamos. Me contaban, me gusta el trabajo sólo porque siempre hay chismes, que se había ido a España, no sabíamos bien a qué. Tal ve de vacaciones. Yo sabía que había estado mucho tiempo allá, entre muchas otras María Jesús, ese nombre que tan extraño nos resultaba a nosotros, que sólo le decíamos Jesús, que de paso era ingeniera, lo que no es demasiado femenino, y usaba el pelo cortísimo. Después lo supe. Se le venían los cuarenta. Quería tener un crío. Había ido a España a buscar al amor de su vida, un tipo por supuesto casado con otra, padre de unos hijos encantadores. Se embarazó y volvió. Traía en la panza a Luis María. Otro nombre raro entre nosotros.

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